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Reseña: Billie Eilish – Hit Me Hard and Soft

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By Alejandro Ávila

Fue en 2019 cuando los reflectores apuntaron a una artista de 17 años de edad, una joven promesa de la música pop pero, no solo de este genero sino que, de la industria en general. Con su álbum debut Billie Eilish llamo la atención de las masas y de la industria; con sencillos como “bad Guy” o “ when the partys over” fue que la joven promesa fue infecciosa en la conciencia colectiva, Billie comenzó a convertirse en la artista revelación, fue un fenómeno en masas, siendo nominada en varias premiaciones y teniendo sus canciones en varios medios audiovisuales. Otro punto a destacar fue que, en ese mismo año la artista encabezó festivales de talla mundial, como el Glastonbury.

La artista traía una propuesta que iba desde el progresivo, el ambient, el soul, el pop, la electrónica, la industrial y demás sonidos; cada partícula sonora formó parte de una construcción sónica irrepetible; varios comentarios aplaudían el minimalismo que esta producción contenía, pero también se destacaba la manera en la que las letras de las canciones reflejaban la identidad de una joven de 17 años; una artista con temores, con ansiedades, con problemas de identidad y con trastornos psicológicos. Todos esos temas se esculpieron con sonoridades inquietantes, con ritmos proporcionados por el hermano de la misma artista, Finneas.

Es así que, desde 2019 Billie Eilish irrumpió en la escena musical a nivel global con el inigualable WHEN WE ALL FALL ASLEEPS, WHERE DO WE GO?; lanzando en 2021 su segundo álbum Happier Than Ever y componiendo canciones para bandas sonoras, siendo estas para las producciones 007: Time to  Die y Barbie, con las cuales se hizo acreedora de un premio Oscar.

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Billie Eilish se ha consolidado como una artista que invita a su audiencia a adentrarse en su mente y sus demonios personales. Gracias a la genuinidad en su música y la colaboración estrecha con Finneas, ha logrado crear éxitos que ya se consideran clásicos, como “Bad Guy” y “Your Power”.

A lo largo de su carrera, Billie ha estado en el centro de atención mediática, incluso generando controversia por declaraciones sobre su sexualidad. Su música refleja una lucha contra los estereotipos sociales y las inseguridades que corrompen el amor y la identidad personal, ubicándola en una industria que, mientras le otorga la corona de la nueva estrella del pop, también la sujeta a intensa presión y expectativas.

Sin previo aviso y a través de una campaña viral en Instagram, Billie anunció recientemente su tercer álbum, “Hit Me Hard and Soft”, lanzado el pasado 17 de mayo. Producido nuevamente por Finneas, este álbum se revela como su trabajo más maduro hasta la fecha, plasmando los miedos, inquietudes y desengaños de una artista que, a pesar de su éxito global, permanece vulnerable y profundamente humana.

Hit Me Hard and Soft, la reseña

Billie Eilish encanta en cada interpretación; desde un susurro frío hasta un tono vocal angelical, ha ofrecido desde su debut versos impecables que deleitan al oído en cada escucha. Billie susurra y entrega una melancolía inquietante, creando un sonido tétrico que nos transporta a fantasías oscuras. Al fin y al cabo, cada canción y álbum de Billie es una creación de ensueño, una fantasía sónica oscura y un relato onírico que alerta, conmueve y, lo que es mejor, invita a bailar.

El denominado pop de terror que Billie construyó en su debut sigue presente en esta nueva producción, pero ahora combinado con el Bossa Nova que exploró en su segundo álbum. Esta vez, encontramos una diversidad de sonidos que, magistralmente incorporados por Finneas, han creado un álbum diverso y perfectamente cohesionado sin ninguna canción de relleno.

Techno, house, bossa nova, rock progresivo, industrial, R&B, soul, trip-hop, avant-pop, entre otros, se reflejan en este álbum, abordando temas desde cómo Billie ha lidiado con la fama y su identidad sexual hasta su estado mental y el amor no correspondido. A sus 22 años, Billie ha entregado el mejor álbum de su carrera. En “Skinny”, la intérprete de “What Was I Made For” exhibe ese sonido encantador y sutil que la hizo merecedora de un Oscar este año.

El álbum transita por diez paisajes de fantasía oscura, con pistas que funcionan en conjunto para que la experiencia de escuchar el álbum de principio a fin sea gratificante e inmersiva. Billie te sumerge en lo más profundo de su subconsciente, invitándote a nadar en la penumbra de sus debilidades y preocupaciones, entregando así un viaje musical irrepetible.

Temas como los estereotipos de la imagen corporal (“Skinny”), el amor lésbico (“Lunch”), y el desamor (“L’Amour de Ma Vie”) son ejes centrales de la obra; son los demonios con los que ha lidiado en los últimos años, sus fantasmas que la persiguen y la atormentan. Sin embargo, Billie los ha interpretado de manera madura, siniestra e irónica. Cada verso logra ser identificable con los demonios que su audiencia podría tener, resonando así en la vida de muchos oyentes.

Eilish susurra, entrega una interpretación vocal elegante y visceral a través de falsetes encantadores que son infecciosos por momentos. Las estructuras de las canciones no son lineales y algunas poseen quiebres rítmicos que refuerzan la contundencia de cada track; siendo canciones únicas, genuinas y que sorprenden por cada apartado sonoro con el que nos sorprende. No encontramos los estribillos fáciles de una canción de pop masiva; Billie entrega canciones pop complejas, llenas de matices y capas sonoras que, nos obligan a volver al álbum más de una vez para poder apreciar los bellos paisajes sonoros que esconde esta obra.

Billie Eilish ha construido su carrera con influencias claras; hay guiños a la música pop, pero también se perciben elementos de teatralidad, rock progresivo, folk, baladas e industrial. Estos géneros han permitido que emerja una artista que ofrece un pop nunca antes visto; un estilo que inquieta y que, aunque inicialmente desconocido, con sucesivas escuchas se revela como un clásico.

En este álbum, Billie ha optado por tener canciones con distintos ritmos en la misma pista; por ejemplo, en el track final “BLUE”, que inicia con un beat enérgico y muta hacia un silencio desesperanzador, transformándose en una balada melancólica. Como esta, otras canciones del álbum adoptan esta estructura, lo que nos adentra más en el álbum como si estuviéramos nadando entre olas sónicas que nos llevan por distintos paisajes.

La obra comienza con “SKINNY”, una canción compuesta de cuerdas atmosféricas. Billie transita a través de una voz melancólica, frágil y gentil, adentrándonos en los temores con los que ha lidiado; la fama temprana, la sensación de sentirse abrumada en una industria que la ha colocado en el foco mundial. Billie no solo canta, es como si recitara un bello poema, acompañado de arpegios y capas sonoras que crean una atmósfera de ensueño.

El tema de apertura también aborda el sufrimiento ante los señalamientos y decepciones amorosas, y finaliza con una hermosa orquestación de violines que sirve como puente para una batería rítmica que conecta sin interrupción con la adictiva “LUNCH”.

“LUNCH” es un hit contundente; con un beat alternativo de la escena dance de los 80, el tema se mueve entre ritmos bailables, con un bajo potente que intensifica las ganas de bailar a medida que avanza. Pequeños destellos de guitarra eléctrica aumentan la adrenalina. El track es seductor, captura los sentidos con una letra que implora pasión y deseo de amor. Con un ritmo de club house y hyper pop, el track se convierte en una verdadera fiesta sónica.

“CHIHIRO” brilla con una interpretación sublime. Es una canción de tempo medio que se construye gradualmente sobre un riff de bajo, culminando en un estribillo pausado pero nostálgico. Los versos destilan deseo y la melancolía de un amor perdido que consumió energía y sentimiento. El falsete etéreo de Eilish penetra profundamente, mientras la progresión del track evoluciona constantemente entre synthpop y R&B. En su clímax, un torbellino de sintetizadores techno house intensifica dramáticamente la pieza, llevándola a un cierre catártico y emocionalmente explosivo.

El pop más convencional se hace palpable en el hipnótico track “BIRDS OF PRAY”, que se levanta sobre beats y panderos dulces, generando un ambiente alegre que modula la voz de Billie para que suene menos fantasmal. “BIRDS OF A FEATHER” encarna el amor fugaz, un canto a amar intensamente a pesar de la inevitable despedida. Aunque la letra pueda parecer melosa y típica de canciones pop radiales, Billie maneja cada verso con madurez, y el sonido celebra el amor mismo.

El pop barroco y campestre de “WILDFLOWER” enganchan desde el primer rasgueo de guitarra; a ritmo lento y con una cadencia suave y precisa tenemos el track más emotivo y desgarrador del compendió. Nos situamos en un terreno fantasmal, Eilish vuelve a encarnar a un espíritu, a un alma errante que implora por un amor. El track es una fantasía catártica, un cuento de hadas que transita por el dolor, que admite que la felicidad es momentánea, que el mismo amor es un errante del mismo tiempo y que este llega y se va.

Con un final a tope de emociones, tenemos un desenlace desolado, lleno de épica emocional que se consume y finaliza con unas bellas guitarras acústicas que acompañan al fantasma que canta durante toda esta canción.

“THE GREATEST”, “L AMUR DE MA VIE”, y “THE DINNER” comienzan a consolidar un concepto coherente en todo el álbum. “THE GREATEST” utiliza cuerdas inquietantes para crear un track de pop dramático que se transforma en la segunda mitad en un vibrante art rock, realzando la voz de Eilish y contrastando con su entrega dramática.

“L AMUR DE MA VIE” fluye entre bossa nova, jazz, y soul con arpegios de guitarra que configuran un momento de elegancia y fascinación. La claridad con la que se escucha la voz de Eilish permite una mayor apreciación de la emotividad o el fatalismo que transmite. Evolucionando a mitad del track, se transforma en una pieza de synth pop y hyper pop bailable, con influencias de eurodance, terminando en una transición directa a la pista de baile.

“THE DINNER” utiliza beats fantasmales en una especie de pop gótico, con ritmos electrónicos oscuros que recuerdan al sonido del álbum debut de Billie. Aunque los beats no son estridentes, son frenéticos y angustiantes, evocando a la Billie Eilish de “Bad Guy” que conquistó con su horror electrónico.

La obra se consume con dos tracks brillantes y que se conectan para ofrecer un final más que satisfactorio. “BITTERSUITE” de 5 minutos utiliza densos beats para poder manejar a una Billie frágil e inocente. El track tiene varios quiebres de sonido y de tiempo, es un viaje sonoro que no tiene forma pero, a pesar de ello, consigue ser atractiva pues nos lleva en un viaje en dónde no sabemos a ciencia cierta la verdadera dirección sonora.

“BITERSUITE” termina con un beat melancólico, con un sonido que de adentra a lo más profundo de tu subconsciente, es un beat siniestro que poco a poco va agarrando forma al punto de volverse en “BLUE”.

“BLUE” es el último paisaje sonoro que ofrece esta obra; su beat electrónico inicial es infeccioso, es un sonido que atormenta, que emociona pero que nos prepara para un bello final lleno de nostalgia y esperanza. El dolor, el bienestar, y la tristeza son los ejes de la pieza. El trip hop es el elemento sonoro de esta pieza que cambia de ritmo a mitad de duración.

Con casi 6 minutos, Billie Eilish nos ofrece un desenlace de ensueño, nos sumerge en un paisaje lejano, en un sentimiento que se siente distante, tal como ese amor que se ha ido en toda la obra, esa inocencia que se ha perdido en la madurez pero que, tal cual se deja ver en el álbum, son añoranzas que se han enmarcado en un recuerdo que esta lejos pero palpable; son experiencias que han sucumbido en la vida de Billie y que la han transformado en lo que es; la voz de una generación que merece ser escuchada.

En “BLUE”, Eilish reflexiona sobre una infancia dañada y las cicatrices del pasado que han moldeado la inestabilidad y la duda, transformándose con el tiempo y encontrando un resquicio de esperanza en el amor. Aunque el amor es parte del problema, es también la solución agridulce que Billie ofrece en este álbum electrizante. Agonizando a lo largo del álbum, Billie entrega una obra que se aferra al amor, ya sea propio o ajeno, repasando sus últimos años y logrando capturar nuestra atención con una producción que merece ser escuchada, al menos, una vez.

Post crítica. Un gran momento de Billie Eilish

El nuevo álbum de Billie Eilish es una obra irrepetible y atemporal; es una composición llena de miedos, de inseguridades, de frustraciones; es una interpretación de vivencia de una artista de 22 años que, obteniendo la fama mundial a los 17, ha emergido como una de los voces pop más celebradas de los ´´últimos años”.

El desamor que expone Billie no es meloso ni si quiera trágico; la forma en la que Eilish transita por los sentimientos de la duda, el amor, de la inseguridad es teatral y a la vez irreal; Eilish en ningún momento se martiriza, es consciente del proceso del duelo, confiesa sus errores y sus añoranzas, dejándose adornar por un sonido de ensueño y de terror, por capas musicales que dramatizan y crean mundos sonoros únicos y sorprendentes.

EL dúo de Billie y Finneas afirman que, son unas de las mejores duplas actualmente; ofrecen un pop que solo ellos pueden hacer; con referencias a artistas como Massive Attack, Kate Bush o incluso a Daft Punk, los hermanos han creado un sonido que suena atemporal; un sonido que es bello, que merece ser escuchado varias veces.

La obra expone de manera precisa la paranoia, la ansiedad, refleja quien ha sido Billie Eilish ha lo largo de estos años; Eilish a través de sus letras encarna e interpreta las inseguridades no solo de ella, sino de toda una generación que la ha posicionado como la mejor artista pop de su generación; dando en este tercer álbum, una producción que en años posteriores, se celebrará como todo un clásico sin precedentes.

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Aquí acaba esta reseña mas no el contenido de Columna Musical. Como siempre, te invitamos a seguir leyendo, entre otros artículos, nuestra recomendación más reciente de Adrianne Lenker o nuestra reseña del nuevo álbum de Beth Gibbons.

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